sábado, 17 de septiembre de 2016

Empiezo a balbucear eso que llevo y asoma algunos días.
Algo lo puede acercar si me detengo a tiempo.
Verte tan frágil ese único momento cuando cuidabas a quien te cuido más de una vez.
El paso lento dado al otro, una prueba de fidelidad, los relojes detenidos, los pajaritos guardados a medio camino.
Verte el corazón blando, espejo agua los ojos.
Ser un bastón y un hombre ceniciento. Te golpeó fuerte la vida esos días mientras cuidabas, te toco hacerlo, cuidarla. 
Vuelvo a tu boca, pero solo a la imagen de tu boca
no interesa que hay más allá ni siquiera si está presa, colmada o hambrienta.
Unos pétalos claros y frescos y un centro vacío.
Olvidé la lengua
la forma de tu lengua
creo conservar algo de la temperatura, pero solo lo creo.
Olvidé por entero al cuerpo, a la piel y su aroma.
Respiro 
apenas
algo del aire que jugaba en los espacios huecos entre dos.
Cada palabra unida a otra
a tus otras palabras hilvanadas por tu aliento y tu voz pausada
de prisionero viejo y libre ahora
soportando lo pasado, aún.
Cada palabra hilvanada por tus notas, tu tono de voz, mejor decirlo así
tu tono de voz como una alfombra necesaria para descansar sobre un costado
mirándote, durmiendo y soñando en tus ojos llenos y vacíos
tan vacíos de tan llenos que siempre tienen algo para dar.
Tu manto de sonido, tus palabras
toda la trama, el sustento, la raíz de los años ahí puestos
aparentemente pesados y sin embargo flotan...
levantan vuelo por lo mínimo
como pluma
Tu tejido de palabras es un arte de plumas, posado y pronto para volar.

jueves, 25 de agosto de 2016

Me acurruco en el asiento del ómnibus. La espalda  el pasillo y mis ojos la ventana. A mi lado tendrías que estar vos, pienso. Y no sé porque vos. Recuerdo que cuando nos conocimos viajamos esa  primer mañana juntos, esa vez me acurruqué en tu cuerpo, cálido, un poco apretado pero suave y mullido.
No te pienso hombre  almohadón o sillón, simplemente se hizo patente la ausencia de un abrigo protector único, el tuyo. Tu modo lleno de brazos y manos, de pellizcos y olfatos.

Lloro un instante por dentro, por sentir un lugar vacío que nadie puede llenar, nadie debe llenar. Es el propio paisaje desolado quemándose de sol, o helándose de nada. Cada cual sin ninguna referencia más que lo abismal. El cuerpo medido en la medida de un sillón y el sentir sin cause.

viernes, 29 de julio de 2016

Vértigo, sensación ilusoria de que las cosas externas están rotando o desplazándose alrededor de uno o de que es uno mismo quien está dando vueltas en el espacio

puedo estar, al borde del mar
en una roca suspendida
puedo estar al vacío tentando
o tentando a mi cuerpo de sentir el vacío
puedo ser el vértigo y su juego
y correr a oscuras en la piedra sola
puedo detenerme abruptamente en un punto exacto
y desafiar la caída-pues ya no siento ningún peso-

acariciar el agua con un dedo
y ver como solo es una línea la que separa un mundo del otro
puedo dibujarme de azul, otra vez azul-otra vez puede llamarse mañana otra vez- 
y borrarme, tacharme o diluirme para nada... unos puntos
del cuerpo del correr del detenerse