jueves, 25 de agosto de 2016

Me acurruco en el asiento del ómnibus. La espalda  el pasillo y mis ojos la ventana. A mi lado tendrías que estar vos, pienso. Y no sé porque vos. Recuerdo que cuando nos conocimos viajamos esa  primer mañana juntos, esa vez me acurruqué en tu cuerpo, cálido, un poco apretado pero suave y mullido.
No te pienso hombre  almohadón o sillón, simplemente se hizo patente la ausencia de un abrigo protector único, el tuyo. Tu modo lleno de brazos y manos, de pellizcos y olfatos.

Lloro un instante por dentro, por sentir un lugar vacío que nadie puede llenar, nadie debe llenar. Es el propio paisaje desolado quemándose de sol, o helándose de nada. Cada cual sin ninguna referencia más que lo abismal. El cuerpo medido en la medida de un sillón y el sentir sin cause.

viernes, 29 de julio de 2016

Vértigo, sensación ilusoria de que las cosas externas están rotando o desplazándose alrededor de uno o de que es uno mismo quien está dando vueltas en el espacio

puedo estar, al borde del mar
en una roca suspendida
puedo estar al vacío tentando
o tentando a mi cuerpo de sentir el vacío
puedo ser el vértigo y su juego
y correr a oscuras en la piedra sola
puedo detenerme abruptamente en un punto exacto
y desafiar la caída-pues ya no siento ningún peso-

acariciar el agua con un dedo
y ver como solo es una línea la que separa un mundo del otro
puedo dibujarme de azul, otra vez azul-otra vez puede llamarse mañana otra vez- 
y borrarme, tacharme o diluirme para nada... unos puntos
del cuerpo del correr del detenerse