miércoles, 6 de abril de 2016

Casa...

Volví otra vez a  casa, ella tiene una historia que precede el entorno que ha forjado la industria y la mala urbanización, llega el olor del puerto, llega el olor de la fábrica de cerveza, las ventanas se enfrentan a otras y se puede ver el comportamiento de algunos hombres, solo hombres. Siempre vestidos de azul,  son más visibles en el turno de la noche cuando la luz crea el espacio que se expande detrás de las ventanas. Una vez uno de ellos  me saludo desde su altura, en este tiempo nos hemos estado observando y conformándonos con eso.
Vuelvo, y para mi sorpresa me encontré con una humilde plantita abandonada en el balcón, volvía a crecer para recibirme sin haberle dado yo ningún cuidado. Otras sorpresas también se sucedieron como una concordancia de hechos a mi favor, dos nuevos amigos con los brazos abiertos a contenerme y a compartir la soledad que cada uno traía  en su mochila.

La casa de techos altos, volvió a recibir mis pies sobre los pisos de madera de las amplias  habitaciones como la primera vez, volviéndose refugio de una ingenua y quebrada enamorada.


Mi religión es la hierba
El abrigo de un verde tejido matizado
Un descanso va enraizando
La respiración como lengua
Humedad fresca
Hilado de alivio
La hierba me convoca delicada
a ser esta noche intermediaria de las pieles
de susurros de la hierba con el cielo
las caricias  de este  cielo con la hierba.

Se abre el camino


miércoles, 21 de octubre de 2015

Analógica.















Los momentos desarmados
Pesan
como edificios
desbordados de vacío.

Moles detenidas esperando
Pasajeros que ignoran el viaje del río.

Se guían por coordenadas
que mienten sobre lo seco 
y lo mojado
/una ilusa construcción más allá de lo tangible/

Por bosques de gotas
los peces pasean

Y con mirada amorosa
Rozan 
habitaciones
alfabeto silencioso por llenar

/así vacío 
el posible hogar espera/